Suena por
primera vez mi despertador. Soy de esas personas que pone como mínimo tres
alarmas para conseguir salir de la cama, así que aún me quedan 20 minutos para
levantarme, solo son las 7:00. Me quedo medio adormilada acariciando a mi
perro, que se ha subido a mi cama como todas las mañanas para darme los buenos
días.
Me levanto a
las 7:20, desayuno y me visto rápidamente para sacar a Hachi, que ya me espera
en la puerta loco de contento. Hace un buen día para ser mediados de marzo,
incluso demasiado calor. A las 7:45 salgo hacia el colegio, que se encuentra en
la Macarena, el CEIP Pedro Garfias. Menos mal que tengo parking, sino tendría
que salir una hora antes.
Llego al
cole a las 8:00 aunque no empezamos hasta las 9:00, pero me gusta llegar antes
para organizarme, porque la mayoría de personas no lo sabe, pero una secretaria
tiene muchísimo trabajo. Lo primero que miro son los trabajos de impresión que
la Dirección me ha mandado para hoy, que debo preparar cuanto antes. Por suerte
no son muchos, y los mando a la impresora rápidamente. Esta mañana la tengo
movidita, tengo que terminar el acta de la reunión que tuvimos ayer para
discutir sobre los nuevos ordenadores que se van a comprar. Además, debo ir
poniendo al día el informe de ausencias y tardanzas del personal
administrativo, docente y educando del colegio, que tengo que enviar a final de
mes al Ministerio de Educación.
Ya son las 9
y tengo que abrir la ventanilla. A primera hora sobre todo tengo algún padre o
abuelo, que preguntan por profesores, horarios de tutorías o simplemente alguna
información. También tengo algunas llamadas por algún alumno que no puede
asistir a clase, que tengo que apuntar para comunicárselo al profesor, que más
tarde me pasará el informe de ausencias del día de hoy. Por supuesto, entre
atender a los padres y recoger las llamadas, también me vienen los profesores
preguntándome por papeles extraviados, con todo el lio que tengo.
A las 10:30
me traen las primeras ausencias de los estudiantes, y tengo que llamar a los tutores
de los alumnos para preguntar por ellos. Por suerte hoy apenas han faltado y
acabo rápido. Ahora que estoy más tranquila puedo ponerme a finalizar el acta.
Además, reviso el correo y me da tiempo a contestar los dos que tengo entre
hueco y hueco. Un post-it me recuerda que la semana que viene debo empezar con
los presupuestos de los gastos de este mes. Todos tienen que ser controlados y
verificados por mí. Eso incluye los diferentes materiales (folios, bolígrafos,
grapas, tinta de impresora, clips…), el material repuesto, los libros nuevos,
los sueldos, el agua, la luz, el gas, etc. Lo más complicado es ajustarlo para
no gastar más de lo debido, y debo estar pendiente. Además, también me encargo
del inventario.
A las 12:00,
hora del recreo, se acercan algunos estudiantes a preguntar alguna cosa, pedir
algún certificado, apuntarse al comedor o alguna actividad extraescolar, y para
que llame a sus padres por algún motivo.
Además, como
estamos en marzo, es la prescripción de los alumnos nuevos de cara al curso
siguiente, por lo que también recibo llamadas preguntando sobre este tema o se
presentan en el colegio para cumplimentar la solicitud. También la tenemos en
la web, pero parece que la mayoría no lo saben, tendré que informar para que lo
destaquen más.
Cómo veis,
no tengo tiempo de aburrirme. Antes tenía un ayudante, pero debido a los
recortes ahora lo tengo que hacer yo sola. Es verdad que cuando estoy
desbordada todo el personal me intenta hacer las cosas más fáciles e incluso el
director, aunque no es su competencia, me ayuda a organizar los horarios del
personal de administración y servicios, y de atención educativa complementaria.
Es un sol, y una de las razones por las que adoro mi trabajo es por el ambiente
de trabajo que tenemos. Somos un equipo y vamos todos a una para el buen
funcionamiento del centro.
Ya son la
13:30, hoy se me ha pasado rapidísimo el día. Tengo un agujero en el estómago
porque con tanto que hacer no he podido ni hacer el descanso para tomar algo.
Mientras organizo mi mesa, cojo mis cosas y me como una manzana que he sacado
de la máquina que hay fuera. Miro que todo esté apagado y que no se me olvida
nada, cierro la ventanilla y me despido de dos profesores que me encuentro por
el camino. A estas horas lo único que me apetece es llegar, y quitarme los tacones.
Llego
rápidamente a casa, me pongo el chándal y mientras espero que llegue mi chico,
saco a Hachi al parque de al lado. Hoy no tengo que cocinar porque es miércoles
y toca comida japonesa, ¡yuju!
A las 14:30
llega mi pareja con la comida, ¡que hambre! Nos ponemos a charlar del día y nos
echamos la siesta. No suelo echarla, pero hoy estoy agotada y con los
documentales de la 2 está asegurada. Además, quiero estar descansada para esta
noche, que vamos al cine por ser el día del espectador.

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