viernes, 17 de marzo de 2017

Un día cualquiera en la vida de una secretaria



Suena por primera vez mi despertador. Soy de esas personas que pone como mínimo tres alarmas para conseguir salir de la cama, así que aún me quedan 20 minutos para levantarme, solo son las 7:00. Me quedo medio adormilada acariciando a mi perro, que se ha subido a mi cama como todas las mañanas para darme los buenos días.

Me levanto a las 7:20, desayuno y me visto rápidamente para sacar a Hachi, que ya me espera en la puerta loco de contento. Hace un buen día para ser mediados de marzo, incluso demasiado calor. A las 7:45 salgo hacia el colegio, que se encuentra en la Macarena, el CEIP Pedro Garfias. Menos mal que tengo parking, sino tendría que salir una hora antes.



Llego al cole a las 8:00 aunque no empezamos hasta las 9:00, pero me gusta llegar antes para organizarme, porque la mayoría de personas no lo sabe, pero una secretaria tiene muchísimo trabajo. Lo primero que miro son los trabajos de impresión que la Dirección me ha mandado para hoy, que debo preparar cuanto antes. Por suerte no son muchos, y los mando a la impresora rápidamente. Esta mañana la tengo movidita, tengo que terminar el acta de la reunión que tuvimos ayer para discutir sobre los nuevos ordenadores que se van a comprar. Además, debo ir poniendo al día el informe de ausencias y tardanzas del personal administrativo, docente y educando del colegio, que tengo que enviar a final de mes al Ministerio de Educación.



Ya son las 9 y tengo que abrir la ventanilla. A primera hora sobre todo tengo algún padre o abuelo, que preguntan por profesores, horarios de tutorías o simplemente alguna información. También tengo algunas llamadas por algún alumno que no puede asistir a clase, que tengo que apuntar para comunicárselo al profesor, que más tarde me pasará el informe de ausencias del día de hoy. Por supuesto, entre atender a los padres y recoger las llamadas, también me vienen los profesores preguntándome por papeles extraviados, con todo el lio que tengo.



A las 10:30 me traen las primeras ausencias de los estudiantes, y tengo que llamar a los tutores de los alumnos para preguntar por ellos. Por suerte hoy apenas han faltado y acabo rápido. Ahora que estoy más tranquila puedo ponerme a finalizar el acta. Además, reviso el correo y me da tiempo a contestar los dos que tengo entre hueco y hueco. Un post-it me recuerda que la semana que viene debo empezar con los presupuestos de los gastos de este mes. Todos tienen que ser controlados y verificados por mí. Eso incluye los diferentes materiales (folios, bolígrafos, grapas, tinta de impresora, clips…), el material repuesto, los libros nuevos, los sueldos, el agua, la luz, el gas, etc. Lo más complicado es ajustarlo para no gastar más de lo debido, y debo estar pendiente. Además, también me encargo del inventario.



A las 12:00, hora del recreo, se acercan algunos estudiantes a preguntar alguna cosa, pedir algún certificado, apuntarse al comedor o alguna actividad extraescolar, y para que llame a sus padres por algún motivo.



Además, como estamos en marzo, es la prescripción de los alumnos nuevos de cara al curso siguiente, por lo que también recibo llamadas preguntando sobre este tema o se presentan en el colegio para cumplimentar la solicitud. También la tenemos en la web, pero parece que la mayoría no lo saben, tendré que informar para que lo destaquen más.



Cómo veis, no tengo tiempo de aburrirme. Antes tenía un ayudante, pero debido a los recortes ahora lo tengo que hacer yo sola. Es verdad que cuando estoy desbordada todo el personal me intenta hacer las cosas más fáciles e incluso el director, aunque no es su competencia, me ayuda a organizar los horarios del personal de administración y servicios, y de atención educativa complementaria. Es un sol, y una de las razones por las que adoro mi trabajo es por el ambiente de trabajo que tenemos. Somos un equipo y vamos todos a una para el buen funcionamiento del centro.



Ya son la 13:30, hoy se me ha pasado rapidísimo el día. Tengo un agujero en el estómago porque con tanto que hacer no he podido ni hacer el descanso para tomar algo. Mientras organizo mi mesa, cojo mis cosas y me como una manzana que he sacado de la máquina que hay fuera. Miro que todo esté apagado y que no se me olvida nada, cierro la ventanilla y me despido de dos profesores que me encuentro por el camino. A estas horas lo único que me apetece es llegar, y quitarme los tacones.



Llego rápidamente a casa, me pongo el chándal y mientras espero que llegue mi chico, saco a Hachi al parque de al lado. Hoy no tengo que cocinar porque es miércoles y toca comida japonesa, ¡yuju!



A las 14:30 llega mi pareja con la comida, ¡que hambre! Nos ponemos a charlar del día y nos echamos la siesta. No suelo echarla, pero hoy estoy agotada y con los documentales de la 2 está asegurada. Además, quiero estar descansada para esta noche, que vamos al cine por ser el día del espectador.



A las 23:00 llegamos del cine, nos duchamos rápido y a la cama, que mañana tengo otro gran día por delante. ¡Que sueño! 

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